No se sabe quién, no lo acuso directamente, pero fue en su tiempo, y es curioso lo de las llaves…
—Si Toledo está lejos de ser Pachacútec, ¿de qué inca estaría más cerca de parecerse?
Del más badulaque de todos, aunque los incas cumplían todos perfectamente su rol, así que no podríamos igualarlo a ninguno.
—Sobre su larga trayectoria ha respondido alguna vez que sigue trabajando porque siente una pasión permanente por lo que hace. ¿Cómo hacer para que no muera esa pasión?
Hay que formarla, es difícil de explicar, yo no nací con esta pasión, pero poco a poco quise escudriñar el pasado, saber más, pero no con ojo de patriotero, de patriota sí, pero no de patriotero que exagera, porque hay también arqueólogos así, que quieren ver algo dorado cuando no lo es, o sea, se engañan ellos mismos y a la población. Yo siempre hablo con mis amigos arqueólogos sobre este punto: no hay que trabajar con patriotería y decir que tal cosa es la más importante jamás encontrada.
—Caral, por ejemplo, ¿es la primera civilización de América?
No la llamo civilización. Yo soy muy amigo de Ruth Shady, pero yo la coloco en la etapa de antecedentes de la civilización, junto con otros sitios. Luego ya viene la consolidación de la civilización: Chavín. Esa es la verdad, lo otro es patriotería, porque en la misma época de Caral en el Viejo Mundo se desarrolla la cultura de Mesopotamia y Egipto.
—¿Por qué Caral no sería civilización?
Porque los elementos culturales no estaban presentes, no había cerámica, y si había tejido, era burdo, sencillísimo. Lo que sí había era organización, y por eso los monumentos como en Caral, que los mandaba a levantar la élite, pero no para apoderarse de todo. En el tiempo antiguo, los problemas de El Niño traían períodos de hambruna, y si la élite le decía al pueblo que había que trabajar el doble para guardar pan para mayo, los mandaban al diablo; entonces, por eso tenían que presentarse como superhombres, seres divinos, para que las órdenes sean acatadas.
—En el 2014 dijo usted que quizá le quedaban cuatro años de vida, pero al parecer vamos bien…
Yo voy a vivir más que Matusalén porque he sido travieso, no lo niego, y como travieso tengo que ir al infierno, pero en el infierno Satanás me tiene miedo. Así es. Y bueno, trabajando es que uno sigue con algún vigor. Todos mis amigos se jubilaron, se dedicaron a descansar y ver televisión, y desaparecieron. Todos mis colegas de San Marcos están muertos. Todos mis amigos del colegio Guadalupe se han ido.
—¿Cuál es su gran inquietud pendiente sobre la historia del Perú?
Hay tanto, pero sobre todo la parte sobre la religiosidad, que me ocupa ya tantos años, y sin embargo me faltan muchas partes para poder armar el rompecabezas, que no se va a poder armar así nomás porque son tiempos idos y no quedan sino elementos materiales de esa época, porque los quipus nunca han podido ser leídos, aunque el patriotero diga que ha sido escritura. Ojalá lo hubiera sido.
—¿Falta quizá la piedra Rosetta del quipu?
Podría ser, pero hasta el momento solo queda registro de la administración inca que era al dedillo.
—¿Ahí no había coimas…?
Como ahora con Toledo, no había. Estaban los almacenes, los tambos, donde se tenían guardados los comestibles para los tiempos difíciles, ahí se mantenía todo bajo control, eran muy drásticos... Ahora he leído algo que vengo pregonando entre mis amigos desde que se supo: quien está detrás es la bruja, que es la que lo ha manejado a Toledo, aunque no digo que él sea un santo.
—¿Quién es la bruja?
¡La bruja es Eliane Karp! La que lo ha manipulado diciéndole: “Ponte como inca y todos te van a aplaudir”.