domingo, 19 de agosto de 2018

CRÓNICAS DE AREQUIPA



10 años después de un viaje fugaz, en el que apenas estuve algunas horas en la ciudad, era el momento de volver por Arequipa. Tenía pocos recuerdos de la ciudad: la Plaza de Armas, algunas calles laterales, el mercado, y no mucho más. Esta vez tenía al menos cinco días para pasear (aunque casi dos días se iban a ir en el tour por el Cañon del Colca) y tuve mucho más tiempo de tomar fotos y visitar lugares.
Primer indicio: el centro está plagado de hoteles y hostales, muchos de ellos bastante nuevos. Tras estar a la sombra de Cusco durante muchos años, Arequipa ha comenzado a sacar beneficios de su relativa cercanía a esa ciudad, y muchos turistas han comenzado a incluirla en sus recorridos. Buena parte de ese suceso se debe a la creciente popularidad de algunos de los tours que se pueden hacer desde la ciudad, como las visitas a los cañones de Colca y Cotahuasi -este último un tanto remoto aún, y que requiere tours de más de cinco días. Incluso es posible encontrar cada vez más hoteles en distritos como Yanahuara, Cayma o Carmen Alto, a una cierta distancia del centro histórico.
Pero, a pesar de esa relativa abundancia de hoteles, no pierdan de vista un detalle: los valores de las habitaciones en la ciudad son más caros que el promedio del resto del país. Por ejemplo, es complicado (o no tan fácil) encontrar alojamientos muy económicos, como si es sencillo hallar en Cusco. Están avisados. Pfrecios y todo eso, hablamos mañana.
El centro de la ciudad (el llamado “Cercado” o centro histórico) está realmente muy bien cuidado, y es un verdadero gusto sacar fotos allí. Debajo pueden ver un video en HD, que filmé desde un bar que se encuentra frente a la plaza. Para seleccionar el modo en alta definición, una vez que dan “play”, en el costado derecho del video hay un triángulo donde deben hacer clic, y seleccionar “HD” (en el caso de optar por esa opción, va a tardar más en cargar, pero pueden verlo en pantalla completa sin ningún problemas).
Si ustedes también quieren tener esa vista, hay que subir por las escaleras del hotel Arequipa Suites, pasar de largo la recepción e ir un piso más arriba. Si el clima no está muy frío, es un buen lugar para tomar una cerveza -aunque si no quieren consumir nada, pueden tomar fotos o videos desde el rellano de la escalera e irse.
En los alrededores de la Plaza de Armas, hay varias iglesias muy interesantes para ver. La Catedral -hay que entrar por el pasaje de la Catedral, a espaldas del edificio, y que pueden ver en la foto debajo de este párrafo- es muy impresionante por fuera, pero no tanto por dentro. La entrada es gratuita, pero atiendan los horarios, porque cierran durante buena parte de la tarde. Mejor ir por la mañana.
Pasaje de la catedral
Si pertenecen al club de “visitadores compulsivos de iglesias” -me sumo al grupo, es algo que sólo hago cuando viajo- van a tener una mañana bastante atareada. Cerca de la Plaza de Armas tienen las iglesias de La Merced, Santo Domingo, San Francisco y La Compañía, entre otras. Mi preferida: la que aparece en la foto que se encuentra debajo, la iglesia de La Compañía y su “algo así como barroco” altar, que hace un violento contraste con el resto del edificio.
La compañía
Dos cosas. Primero, la entrada a estas iglesias es gratuita, por lo que es un excelente recorrido que toma una mañana y que no exigirá sus bolsillos. Segundo, y en tanto Arequipa ha sufrido varios terremotos en los últimos siglos, todas ellas tienen mayores o menores grados de reconstrucción, algo que se nota sobre todo en la Catedral.
Mañana seguimos con algunas cuestiones sobre transporte y opciones para recorrer la ciudad en poco tiempo, algo importante cuando se cuenta con poco tiempo para visitar Arequipa.
(Tomado de Blog de viajes
https://www.blogdeviajes.com.ar //Jorge Gobbi)

sábado, 11 de agosto de 2018

CRÓNICA VIAJE A LA CIUDAD DEL CUSCO


Resultado de imagen para plaza de cusco

Lo decidí y me atreví a viajar 22 horas hasta la capital imperial. Una suerte de sueño y un colage de fotos se cruzaban entre mi cansancio y la ansiedad por llegar, una noche de calor, frío y angustia. Al día siguiente por fin el bus llegó y yo a punto de cumplir mi objetivo. Difícil sentirse provinciano y forastero en una ciudad de piedras color cobre, una metrópoli que encierra siglos de conquista (ya casi re-conquistada por el poder de los andes) en su Plaza de Armas conquistada por taxis marca Tico.
Cusco me da la bienvenida
Bueno, ya estaba en aquel lugar, no sabia adónde ir, se acercó un hombre mayor con cara de buena gente y me ofreció hospedarme en su casona a un precio razonable. Accedí y abordé el taxi (dije que eran Ticos?). Llegamos y entre la perorata de mi anfritión y mi dolor de cabeza por la altura, soporté que éste me contara las bondades de la ciudad y su riqueza invalorable.
Ese día dormí bastante, a la mañana siguiente con mi “mate de coca” de por medio hecho en el Ukukus por las manos de “Becho”, desayuné y me eché a la caminata -pues considero que es súper aburrido subirse a un taxi en Cusco-. Nunca había transitado por calles de ese tipo, todo empedrado, callejones largos, un cielo como pintado en un cuadro por un artista, era otra la atmósfera y el espíritu de aquella ciudad me invadía, la gente era diversa: estadounidenses, cusqueños, franceses, argentinos, italianos y casi todo el mundo congregado en un solo lugar.
Visitando Machu Picchu
Ya eran las 12 del mediodía y si mi memoria no me engaña, estaba listo para conocer Machu Picchu, esa capital de los incas -según la historia-, que solo conocía por postales y revistas de turismo. Ahora si subí a un taxi que me costó 3 soles  y me llevó hacia la estación del tren (siempre decía que algún día viajaría en tren y en barco, bueno lo del tren ya se me cumplió).
Habían dos tipos de servicios: uno súper VIP, muy cool que costaba 300 dólares la travesía (Cusco – Aguas Calientes – Cusco)… y luego el servicio para el pueblo, 30 soles en la misma ruta descrita, cómodos asientos que parecían una roca, velocidad controlada y venta a bordo de chicha, papa, choclo y queso ¡una maravilla! El tren era un híbrido, una mezcla de trasporte moderno con “la 10” que pasa por la Av. Brasil, ah y bueno también viajaban con nosotros uno que otro carnerito, gallinita y no sé que otro tipo de animales. El traslado duró 4 horas, ya me estaba exasperando, pero el paisaje que tenia frente a mi paliaba mi estadía en aquel vagón.
Llegamos a la parada final, el pueblo de “Aguas Calientes”, un lugar muy entrañable, de mucho comercio, un lugarcito que se las sabia todas, pues sus clientes en su mayoría eran turistas extranjeros que invertían en los restaurantes y abastos del lugar. Este pueblo queda exactamente debajo de Machu Picchu, digo debajo porque de ahí hay que abordar un mini bus para subir que cuesta 7 dólares ida y retorno Machu Picchu – “Aguas Calientes”.
El vehículo subía en curvas, había mucha neblina, poco a poco parecía que nos internábamos en el retroceso del tiempo, quedé un tanto asombrado por lo que estaba sucediendo, hasta que el conductor anunció que ya habíamos llegado, en ese momento desperté, preparé mi cámara y me alisté a bajar.
Imperio de los Inkas en el tiempo

Una larga cola de personas, una caseta de vigilancia y un inmenso fondo verde. Llegó mi turno, pagué 10 dólares para ingresar (así de caro está el Perú). Un caminito estrecho me llevó hacia el frente de un gran cerro, quizás un APU (Dios Inca) como dicen algunos, la sensación de estar en aquel escenario fue indescriptible, parecía que ahí no había tiempo, un emporio lleno de pequeños caminos, un laberinto en el que, según el guía, varios ya se habían perdido sin dejar el menor rastro, me asusté un poco, llegué hasta una quebrada, abajo un precipicio, miré con incredulidad y la sorpresa fue grande: aquel precipicio era infinito, esto parece de película gringa, pero créanme, es totalmente cierto, levanté la cabeza y estaba en el mismo lugar donde se produce la archiconocida foto de Machu Picchu.
El cielo lograba una intrínseca influencia sobre los que estábamos sobre aquellas rocas, el momento, o los momentos que viví fueron emocionalmente indefinibles y eso que yo no lo creía, ahora se que existe una fuerza superior en los andes, en la sangre que los incas derramaron sobre cada piedra de las que hoy admiramos. De regreso, luego de pasar por el InkaTerra (hotel cercano a Aguas Calientes), me quedé dormido para llegar rápido a la ciudad, en donde me esperaba en el embrujo de la noche cusqueña, hambrienta por hacerme vivir al ritmo de su convulsionada historia.
Por fin llegamos… cansado y con una extraña sensación de felicidad bajé del tren, llegué a la puerta de la estación y abordé el primer taxi hacia el lugar donde me hospedaba.
Cusco Nocturno
Cusco de noche
Luego de un reparador baño salí del lugar donde me hospedaba y me zambullí en la magia de Cusco Nocturno, a la siguiente cuadra y bajo una acariciadora lluvia se encontraba Killa (Luna)–tan resplandeciente como el significado de su nombre-, artesana, hija de padre cusqueño con madre francesa, Killa aprovechaba la fachada con techito de un restaurante para exponer sus obras hechas en plata y demás aleaciones metálicas, hablaba mucho de la historia e imperio Inca, me contó que viajaba constantemente pues no era solo de esta tierra, era “ciudadana errante del mundo”, con su arte y negocio había cruzado muchas fronteras, paciente y con solo lo que el día le ofrecía vivía, no debía preocuparse por más, le compré algo, la mujer  parecía descendiente Inca, el color de su piel era especial y sus ojazos azules me llevaron a un trance, ella me dijo que me enseñaría un pueblo escondido y milenario, no tenía celular “nos vemos mañana en la plaza cuando el sol se vaya ocultando”… asumí que la traducción de eso era 6:30PM.
Continué mi periplo y aterricé en el Kamikaze, taberna clásica del centro del Cusco. “Ananau” en la versión del grupo Alborada sonaba en la sala principal, empecé a bailar -un sonido un poco extraño pero válido, estaba en Cusco-, luego de la rumba étnica salí ya a medianoche con dirección al local de BechoLa Sarita tocaba en vivo, pasaba las copas sin darme cuenta y entre tropiezos por la solitaria trasnoche llena de frío ya estaba en el Mama África donde terminé la noche.
Por cierto, al día siguiente acudí a la plaza para encontrarme con Killa… nunca llegó, nunca más la vi, por más que fui hasta aquella callecita en su búsqueda nadie me dio razón alguna.  Solo su extraño perfume y esa imagen fuerte como el poder de su mirada se quedaron conmigo, su bella estampa me acompaña y se refugia hasta hoy en el archivo infinito de mis emociones.
 (Tomado de        https://peruanosenusa.net/cusco-ciudad-de-piedra/    )


miércoles, 1 de agosto de 2018

Programa de Actividades por el 478° Aniversario de Arequipa - 2018


Agosto 01, 2018
Agosto 02, 2018
Agosto 07, 2018
Agosto 08, 2018
Seguir leyendo aquí

DIA INTERNACIONAL DEL SAXO